El miedo el que nos deja paralizados como estatuas mientras el tiempo corre. El miedo. Sólo él. Nos impide dar el paso, saltar y sentirnos libres. El miedo con sus múltiples caretas. El miedo en forma de comodidad. El miedo vestido de indiferencia. El miedo.
Si te alejas es por miedo. Si callo es por miedo. Él nos obliga a estancarnos, a cerrar las puertas a cal y canto, a quedarnos en el mismo lugar y no querer avanzar. Él nos llena la boca de excusas y justificaciones, de explicaciones que ni nosotros mismos creemos.
Y le hacemos caso. Como si fuera un dictador disfrazado que nos llena la mente de buenos propósitos con técnicas de propaganda envolvente. Nos indica qué hacer, dónde, cómo y porqué. No dudamos de él porque pensamos que la razón es otra. ¡Qué manipulador!
Sólo cuando seamos conscientes de que el miedo es lo que nos impide ser libres, la senda hacia nuestro propósito estará más clara. Las malas hiervas se apartarán. Nuestra leyenda personal se escribirá con mejor letra.

Tengo miedo que se rompa la esperanza
Que la libertad se quede sin alas
Tengo miedo que haya un día sin mañana
Tengo miedo de que el miedo, te eché un pulso y pueda más
No te rindas no te sientes a esperar
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